MEGAPROYECTOS EN LA AMAZONíA


  

Defender la vida, a toda costa

Como nuestra única relación con

La verdad de la existencia,

Seremos la voz de quienes a diario

Sufren el dominio y la opresión

 de la depredación del hombre.


Elaborado por:

Ing. Forestal Alejando Reyes B.

Desde el momento que el explorador español Vicente Yáñez Pinzón entró en el delta del Rí­o Amazonas en enero de 1500 y encontró 36 indí­genas[1], el asedio a la región amazónica por fuerzas externas ha sido incesante, aunque con claros altos y bajos en su intensidad. En los subsecuentes cinco siglos, este vasto bosque tropical ha experimentado: (i) innumerables exploraciones de oro, comenzando con la exploración de la década de 1570 en la cuenca del alto rí­o Napo; (ii) la instalación de un cruel sistema de esclavitud indí­gena, llevado a cabo por los portugueses, que duró un siglo y medio; (iii) la búsqueda frenética de recursos naturales de gran valor económica para su época, como son los casos de la quina, el agave, la vainilla, la castaña del Brasil, las pieles, el cacao, las resinas y la zarzaparrilla; (iv) un auge espectacular del mercado de caucho durante la segunda mitad de siglo XIX, con su estruendoso colapso en 1912; (v) la expansión de las fronteras agrí­colas nacionales, a partir de la década de 1960, mediante la llegada masiva de colonos procedentes de otras partes de sus respectivos paí­ses; (vi) la entrada de la minerí­a industrial, iniciada por la apertura de la gran minerí­a de manganeso en Amapá, Brasil, por Bethlehem Steel en la década de 1940, y su subsecuente expansión para toda la cuenca para incluir bauxita, mineral de hierro, caolí­n, caserita y, como siempre, oro; (vii) los booms en la exploración y explotación del petróleo y del gas natural, comenzado con el primero en los años 1960 y continuando con el actual boom todaví­a mayor; (viii) la tala de grandes áreas de bosque por su madera, con particular atención en las maderas nobles altamente valorizadas; (ix) la ocupación de grandes áreas deforestadas por inmensas haciendas de ganado; y (x) la expansión vertiginosa de la pesca industrial de agua dulce para abastecer la creciente demanda de las ciudades.

Como este breve resumen histórico muestra, el concepto de “fronteras en expansión”[2]es clave para entender la Amazoní­a. Las múltiples fronteras en expansión que la región ha experimentado en los últimos siglos han sido el mecanismo principal de transformación socio económico y ambiental de la Amazoní­a. Las fronteras en expansión tienden a generar agudos conflictos sociales, derivados de la invasión de territorios por grupos externos y de las disputas en torno del acceso y explotación de los recursos naturales. Muchas fronteras en expansión surgen en áreas remotas donde hay una débil presencia del Estado, dando lugar a situaciones de violencia y miseria.

Los pueblos indí­genas constan entre los grupos que más han sufrido de esta expansión, dando continuación a los históricos procesos de invasión de territorios y etnocidio.

[1]Hemming, John. (1978). Red Gold: Theconquest of theBrazilianIndians, 1500-1760. Cambridge, MA: Harvard UniversityPress, p. 83.

[2]El uso aquí­ de la palabra“frontera”no hace referencia a su acepción más común de“confí­n de un estado”, sino se remite al avance de determinadas actividades.

 

Marco General de la Amazonia.

La gran cuenca del Amazonas tiene una extensión territorial de 8 millones de km2, ocupando así­ el 45% del territorio de Latinoamérica; ocho paí­ses hacen parte de esta mega cuenca: Colombia, Venezuela, Bolivia, Perú, Brasil, Bolivia, Ecuador, Guyana y Surinam.  Se estima que la Amazonia esta poblada con alrededor de 33 millones de habitantes, y 25% de su territorio se encuentra habitado por pueblos indí­genas.

En ella se alberga casi el 50% de los bosques tropicales del mundo, generando de esta manera, el 20% del agua dulce del planeta; esta configuración de amplia oferta hí­drica, hace que existan alrededor de 2.500 especies de peces (más que el Océano Atlántico), y que a su vez, cuente con el 25% de las especies de flora y fauna del planeta.Es por esto que se le dice, pulmón del mundo, región megadiversa y centro de la vida.

El contexto actual de la Amazonia.

La generación de una gran cantidad de fronteras amazónicas en la actualidad se deriva de la coyuntura geopolí­tica mundial en la cual la exploración de recursos naturales está entrando en una nueva fase. Con el agotamiento de los recursos naturales de fácil acceso, las grandes empresas multinacionales se ven obligadas a buscar recursos naturales de difí­cil acceso, lo que requiere nuevas tecnologí­as de exploración y explotación y que les lleva a lugares inhóspitos, en un fenómeno clasificado como la “época de recursos de difí­cil acceso”[1]. La extracción de petróleo de las arenas de brea, de las rocas pizarrosas, de las aguas frí­gidas del mar ártico, de las profundidades del alto mar sub-tropical y de las más remotas regiones de las selvas tropicales son claras indicaciones de este proceso. El actual boom de gas natural se deriva de nuevas tecnologí­as de fractura del esquisto por inyecciones de agua (hydro-fracking).

Otro cambio reciente significativo se refiere a los principales commodities globales, que han experimentado un aumento de 147% en su precio real desde el inicio del siglo XXI. Se calcula que el mundo puede tener hasta 3 mil millones de consumidores de clase media adicionales hasta el año 2030, muchos de ellos procedentes de China e India. Cuando se junta esta creciente demanda con nuestra época de recursos de difí­cil acceso, se pronostica que el actual boom de commodities, y los impactos ambientales y sociales que produce, puede continuar y hasta agravarse en las próximas dos décadas.[2]

En la Amazoní­a, la búsqueda desenfrenada a nivel global para commodities y para fuentes de energí­a está generando una rápida expansión en el uso de tierras agrí­colas para producir granos y biocombustibles, en la construcción de grandes represas hidroeléctricas y en las actividades mineras desperdigadas en toda la cuenca amazónica, transformando esta región en una nueva frontera global. Siguiendo el patrón de épocas pasadas, se expresa mediante una gran cantidad de fronteras regionales, cada una orientada a la explotación de determinados recursos y cada una apoyada por un conjunto propio de actores económicos y sociales. Una revisión rápida de las distintas fronteras regionales actuales en la Amazoní­a tendrí­a de distinguir entre: la frontera de hidrocarburos en Ecuador, Perú y Colombia; la frontera aurí­fera en Madre de Dios, Perú; la frontera de soya en Mato Grosso, Brasil; la frontera de la palma dendezeiroen Pará, Brasil; la frontera de carbón de leña en Maranhí£o, Brasil; y una dispersión grande de fronteras mineras, agrí­colas, pecuarias y pesqueras[3].

A pesar de las semejanzas con la situación de las fronteras anteriores, hay importantes diferencias de la presente “ola” de fronteras amazónicas que necesitan ser identificadas para tener una visión más completa de la coyuntura amazónica actual. Una de las más importantes novedades de la actual ola de expansión de las fronteras amazónicas es que las intervenciones externas en la Amazoní­a tienen un grado de coordinación pan-amazónica que no fue evidenciado antes, especialmente ellas vinculadas a la construcción de megaproyectos. Recientemente, el nivel más alto de coordinación de las intervenciones amazónicas sucedió en los planos nacionales de desarrollo de sus respectivas regiones amazónicas. Con el planeamiento y construcción de megaproyectos a la escala pan-amazónica, como son los casos de los ejes interoceánicos de transporte y de las redes continentales de transmisión eléctrica, un nivel de actuación pública propiamente pan-amazónica emerge.

El nuevo énfasis en la escala pan-amazónica no elimina la necesidad de tener una perspectiva que contempla las polí­ticas nacionales para sus respectivas regiones amazónicas. Las prácticas del “colonialismo interno”, por ejemplo, en las cuales relaciones coloniales son internalizadas dentro de un paí­s, continúan vigentes cada vez que la Amazoní­a es tratada como una frontera de recursos para el desarrollo “nacional” y las obras de infraestructura son concebidas dentro de marcos nacionales, y no sobre la base de las necesidades de las poblaciones locales. En general, hay una ausencia de la voz y de los intereses de la población amazónica en la toma de la mayorí­a de las grandes decisiones desarrollistas que afectan la región.

Breve descripción de los megaproyectos y sus impactos Socio-ambientales.

Durante la primera década del siglo XXI, hubo una significativa restructuración del financiamiento de proyectos de desarrollo en la Amazoní­a, fruto de la crisis económica en los paí­ses industrializados y de la consolidación de las economí­as de los paí­ses emergentes, particularmente

los llamados paí­ses BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Durante esta misma década, Brasil y China forjaron una nueva estrategia de desarrollo nacional basada en polí­ticas de la internacionalización de las empresas nacionales y la construcción de espacios hegemónicos regionales dominados por sus capitales nacionales. De esta forma, el Banco Nacional de Desenvolvimento Econí´mico e Social (BNDES) y el Banco Chino de Desarrollo crecieron vertiginosamente y rápidamente ocuparon el nicho de principales inversionistas y prestamistas para los megaproyectos de la Amazoní­a.

Se perciben en la Amazoní­a dos tipos de megaproyectos: de infraestructura y extractivos, los cuales configuran, como se menciono anteriormente, una estrategia de “desarrollo” pan-amazonica, donde se resalta la profunda incoherencia de los tomadores de decisión y formuladores de polí­tica, suprimiendo los requerimientos y reclamos de los habitantes de las regiones, quienes en muchas ocasiones, son desplazados y asesinados para lograr desarrollar los proyectos de “interés nacional”.

Los megaproyectos de infraestructura operan principalmente con capitales públicos dentro del marco de los acuerdos bilaterales entre paí­ses y, como tal, sus procesos de la toma de decisiones entran en el espacio público de debate. Mientras tanto, los megaproyectos extractivos tienden a funcionar dentro de la esfera de los capitales privados dentro del marco de los tratados y acuerdos de libre comercio y tienen como sus principales instrumentos de control público los procesos concesionarios y contractuales. A pesar de estas diferencias, ambos tipos de megaproyectos se encuentran en fase de plena expansión y no hay indicaciones de que van a disminuir su velocidad en los próximos años.

  • Infraestructura

Las grandes obras de infraestructura funcionan como el principal “facilitador” para casi todas las demás actividades de desarrollo económico. Con el lanzamiento de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA) en 2000 bajo la coordinación del Banco Interamericano del Desarrollo (BID), una nueva fase de la integración geofí­sica de Sudamérica comenzó. En 2010, los paí­ses miembros de la Unión de Naciones de Sudamérica (UNASUR) tomaron control del portafolio de proyectos de IIRSA y designaron el Consejo Sudamericano de Infraestructura y Planeamiento (COSIPLAN) a administrarlo. En la última actualización de su Agenda de Proyectos Prioritarios de Integración hay 544 proyectos con un monto de inversión estimada de 130 mil millones de dólares.

  • Vial.

32% de los proyectos priorizados por IIRSA están en la Amazoní­a; solamente la interoceánica del sur, la cual comprende una longitud de 5.404 km, se convierte en un escenario propicio para el estudio de los impactos socioambientales directos e indirectos generados por las diferentes etapas del proyecto.  Impactos como el incremento de la minerí­a ilegal, la deforestación, la tala ilegal y la degradación de bosques, en aspectos ambientales; al respecto de elementos sociales, la migración de personas hacia los frentes de obra, puede generar escenarios de violencia local, aumento de los delitos, prostitución y comercio de drogas entre otros aspectos.  Cabe resaltar que la magnitud e intensidad de los impactos son aun medidos de manera subjetiva, lo cual, sin lugar a dudas, no permite una absoluta confiabilidad en las conclusiones de los estudios realizados para estos proyectos, además, es apropiado mencionar, que los resultados y conclusiones de las evaluaciones ambientales, suelen tener una tergiversación de la información, y mas grave aún, puede ser modificada con fines de licenciamiento o de socialización.

  •  Hidroeléctrica.

366 hidroeléctricas se han planificado ya sea en operación, en construcción o inventariadas[4]; de estas 366 hidroelectricas, se reseñaron 210 en Brasil, 77 en Perú, 54 en Ecuador, 14 en Bolivia , 6 en Venezuela, 2 en Guyana, 1 en Colombia, 1 en Guyana Francesa y 1 ultima en Surinam.  Además, actualmente se encuentran propuestas 151 hidroeléctricas para ser construidas solo en paí­ses andino-amazónicos, las cuales se construirán en 5 de los 6 principales rí­os andinos de la Amazoní­a: Caqueta, Madeira, Napo, Putumayo y Ucuyali.[5]

La supuesta generación de energí­a limpia, a través de las hidroeléctricas esta por revaluarse, puesto que los impactos rio arriba, donde por ejemplo la interrupción de las migraciones de los peces y a su vez de los flujos genéticos y de sedimentos, o el cambio en la velocidad del rio entre otros, y los impactos rio abajo, p.ej. secado de quebradas y caños afluentes, reducción del oxí­geno en el agua, una alteración en los ciclos hidrológicos por falta de inundaciones estacionales, concentración de í­ndices de mercurio lo cual provoca una contaminación de los peces y por tanto de animales y seres humanos que los consumen, además de un aumento en la producción de metano  -poderoso gas de efecto invernadero-  producto de la descomposición del material orgánico en el fondo del reservorio, podrí­a acelerar las consecuencias, hoy irrefutables, del cambio climático, podrí­an desenmascarar lo inapropiado de llamar a este tipo de energí­a “limpia”.

  • Extractivos

Los mega proyectos extractivos forman parte de las polí­ticas de exportación y comercio de los paí­ses amazónicos y representan una fuente cada vez más importante de renta para los Estados. La expansión del sector de hidrocarburos en la Amazoní­a está concentrada en los paí­ses andinos, donde se encuentran 263 de los 327 lotes petroleros existentes en la cuenca amazónica. De este total, solamente 25% de los lotes se encuentran actualmente en fase de explotación, indicando el inmenso potencial para la expansión de este sector.

15% del territorio amazónico tiene o tendrí­a actividades petroleras (1.1 millones de km2), del total de bloque de hidrocarburos en la Amazoní­a, un 80% se encuentra en los paí­ses andinos, así­ pues, un 84% de la Amazoní­a peruana esta bajo concesiones de hidrocarburos, y alrededor de un 40% de la amazoní­a colombiana esta bajo esta misma modalidad de concesión; Ecuador por su parte se encuentra en un litigio ambiental con Chevron por la contaminación de la selva y los rí­os en el área de influencia de la compañí­a, pero aun así­, ha decretado la exploración de la reserva forestal Yasunii.

Por otra parte, La expansión del sector minero ha sido todaví­a más rápido que la del sector de hidrocarburos y está dominando por un pequeño número de grandes empresas multinacionales. El sector minero extrae múltiples recursos minerales – oro, plata, mineral de hierro, cobre, bauxita, estaño, titanio, vanadio, caolí­n, entre otros – y está mucho más disperso que el sector de hidrocarburos, lo que crea más focos micro regionales de impactos.

En total existen 52.974 zonas mineras en la Amazoní­a que cubren 1.628.850 km2 o 21% de la superficie de la cuenca. De esta cantidad, Brasil alberga aproximadamente el 80% de ellas, con Perú en segundo lugar con 11%.Además, se sabe que 19% de las zonas mineras están dentro de territorios indí­genas 407.000 km2 y 15% de las zonas mineras están dentro de áreas protegidas 281.000 km2.

Principales impactos socio-ambientales.

Se identifican cuatro principales impactos socio-ambientales que los mega proyectos están generando a la escala geográfica panamazónica: 1) La industrialización forzosa de la selva; 2) La reorganización territorial de la Amazoní­a; 3) Pérdida de la biodiversidad y degradación forestal; y 4) El potencial colapso de la función hidrológica de la cuenca. A estos impactos, hay que sumar otros que se expresan principalmente a la escala micro-regional: 5) Destrucción de los modos de vida de los pueblos indí­genas y de las comunidades tradicionales; 6) El represamiento de los rí­os y los cambios estructurales en los regí­menes hidrológicos que provoca; y 7) Crecimiento urbano desarticulado que produce marginalización económica y social.

El peso de los impactos socioambientales está distribuido en una forma extremadamente desigual. Quien lleva la mayorí­a de los beneficios derivados de la implementación de los megaproyectos son fuerzas económicas y polí­ticas externas de la región, tales como las grandes empresas multinacionales, el aparato administrativo del gobierno nacional y las entidades financieras. Quien lleva la mayorí­a de los impactos negativos de estos mismos megaproyectos son los pueblos indí­genas, quienes sufren de la invasión de sus tierras, y las comunidades locales, que experimentan una acelerada proliferación de graves problemas sociales, sanitarios y de salud.

Las acciones de distintos grupos sociales para la defensa de sus derechos e de la naturaleza condujeron a su constitución en sujetos polí­ticos quienes elaboraron distintas agendas para el cambio. Identificamos tres principales agendas amazónicas para análisis aquí­: una agenda ambiental, liderada por los conservacionistas internacionales; una agenda de los derechos colectivos y territoriales, liderada por los pueblos indí­genas; y una agenda laboral, liderada por sindicatos. Las relaciones entre la agenda ambiental y la agenda de los derechos durante las últimas tres décadas han fluctuado entre alianzas polí­ticas, por un lado, y conflictos abiertos, por otro. Mientras tanto, las reivindicaciones de los millares de trabajadores en los megaproyectos para dignas condiciones y beneficios de trabajo han sido, hasta el momento, bastante desvinculadas a las agendas ambiental y de los derechos, ya que los trabajadores están vinculados, por bien o por mal, con las mismas obras que están provocando la devastación de la región.

De no estructurarse cambios significativos en el modelo de desarrollo hasta ahora propuesto por paí­ses como Brasil y apoyado por paí­ses como China, Rusia e Indonesia, estaremos ante la catástrofe ambiental mas grande de los últimos tiempos en la America Latina; Autores como Little han estudiado este fenómeno y generan una serie de propuestas que se enmarcan en el debate sobre el modelo de desarrollo, generando opciones para un desarrollo alternativo,  fundamentadas en las prácticas y los aprendizajes de los pueblos de la Amazoní­a para atender a sus necesidades y aspiraciones, en vez de los intereses económicos ajenos a lo que se deberí­a considerar como un interés nacional, ya que es esta su premisa para pasar por encima de las derechos de las comunidades locales.

Según Little[6], para lograr un desarrollo amazoncéntrico se necesita construir una visión panamazónica endógena capaz de aglutinar las reivindicaciones dispersas de los movimientos sociales en un movimiento cohesivo. Las tácticas de acción polí­tica disponibles varí­an mucho incorporando tanto acciones colaborativas y de participación en la formulación de las polí­ticas públicas como acciones de movilización, confrontación y resistencia.

Las siguientes cuatro lí­neas de acción, junto con sus respectivos temas prioritarios, han sido planteados en los últimos años[7]: (1) Los derechos de los pueblos, con dos temas prioritarios: el derecho a la Consulta Previa, Libre e Informada; y las nuevas Constituciones Nacionales; (2) Salvaguardas y controles ambientales, con dos temas prioritarios: el BNDES y en los bancos chinos; y los Estudios de Evaluación Ambiental Estratégica; (3) Gobernanza socioambiental, con tres temas prioritarios: incidencia en la toma de decisiones sobre un megaproyecto; utilización de la Jerarquí­a de Mitigación; y polí­ticas innovadores de gestión de los recursos naturales; (4) Polí­ticas de desarrollo y de comercio, con tres temas prioritarios: busca de polí­ticas alternativas de desarrollo amazónico; el Acuerdo Energético Perú-Brasil; y la UNASUR.

Desde el OCSA del Partido Liberal seguiremos profundizando en el estudio de las alteraciones ecosistemicas producto de las intervenciones antrópicas, y sus consecuencias configuradas en impactos socioambientales que deben ser mostrados desde lo local, en el próximo boletí­n, esperen una profundización en el tema de la amazonia colombiana, y algunos estudios de caso, también algunas entrevistas con actores polí­ticos del medio ambiente y sus comentarios al respecto de este primer boletí­n.

[1]Little, Paul. (2001). Amazonia: Territorial strugglesonperennialfrontiers. Baltimore: Johns Hopkins UniversityPress.

[2]Klare, Michael. (2012). “Theend of easyeverything.” CurrentHistory, enero.

[3]Chaulot, Yves. (1978). Estado, acumulaí§í£o e colonialismo interno. Petrópolis: Editora Vozes. Ver también: Whitten, Norman E. Jr. (1976). Sacha Runa: Ethnicity and adaptation of Ecuadorianjungle Quichua. Urbana: University of Illinois Press.

[4]En www.dams-info.org/es.

[5]www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0035126.

[6]Little, Paul E. (2001). Amazonia: Territorial strugglesonperennialfrontiers. Baltimore: Johns Hopkins UniversityPress.

[7]Little, Paul E. (2004). “Ambientalismo e Amazí´nia: Encontros e desencontros.” En: Amazí´nia: Cenas e cenários, D. Sayago, J-F. Tourrand; M. Bursztyn, eds., pp. 321-344. Brasilia: Editora UnB.